29 mayo 2013

EL NIÑO INTERIOR: LA TERNURA DE LA INOCENCIA

Es sorprendente la ternura que provoca observar a un niño pequeño o cualquier cachorro animal. Su inocencia transmite tantas sensaciones placenteras!!! Cualquier movimiento, gesto, te hace sonreír sin saber muy bien por qué.



Quizás despierten en ti ese niño interior que llevas dentro y has olvidado. Esa parte juguetona, de curiosidad por cualquier cosa, de ganas de descubrir, experimentar y estar abierto a la vida sin miedo ni temor. Tu esencia más pura sin estar envuelta por las corazas de las que te has ido adueñando con cada experiencia de tu vida.

Ir creciendo no solamente físicamente sino también emocionalmente, es necesario y saludable para un adecuado equilibrio psíquico. Ser adulto implica hacerte responsable de tí mismo, saber tomar decisiones y asumir las consecuencias, pero también saber disfrutar y divertirte. En muchas ocasiones, nos tomamos tan al pie de la letra "ser adulto" que nos olvidamos de sacar más de vez en cuando esa parte infantil tan beneficiosa para disfrutar de la vida.

Un niño no se preocupa de responsabilidades, de hacer lo correcto de cara a los cánones que marca la sociedad. Está empezando a vivir, su misión es jugar, divertirse, probar cosas nuevas y diferentes en cada momento. Está en un continuo ensayo-error. Es el adulto, mediante este juego permanente el que le va marcando lo que es correcto o no, el que le corrige ante el error y le guía. 

El niño se siente seguro ante el adulto, sabe que es su bastón de apoyo, de protección. Por este motivo, no siente miedo y se dedica a experimentar constantemente. Es capaz de divertirse con cualquier cosa, deja volar su imaginación y no se preocupa por lo que otros pensarán si hace una cosa u otra. Es una esponja, absorbe todo lo de su alrededor y aprende cada día algo nuevo. Muestra la inocencia más pura, lo que provoca en el adulto mucha ternura.

Observar sus movimientos inseguros y ver como los va perfeccionando es un auténtico regalo. Darte cuenta de su crecimiento, de su capacidad para mostrar cada día una nueva habilidad te llena de satisfacción. Ser consciente de su ilusión por la vida, de querer imitar lo que ve, de su superación cada día... una maravilla. Podrías estar continuamente observando a un niño, cargándote de su positividad, de su tranquilidad, ilusión y dejándote llenar con sus inocentes palabras, caricias, besos... sin un porqué, simplemente porque le nace de dentro, de su verdadero ser.

Cuando nos convertimos en adultos, dejamos atrás ese niño que algún día fuimos. Es una pena no dejar que salga de vez en cuando, pues puedes aprender todavía mucho de él. Permítete mostrar esa parte más divertida, inocente, curiosa y pura... Deja volar tu imaginación, hacer algo que realmente te apetezca por el simple hecho de querer hacerlo sin pensar en lo que otros o tú mismo (como adulto) puedas juzgar. Muestra tu niño interior y compártelo con los demás!!!! Es agradable ver en un adulto la ilusión y la inocencia de un niño, verle sin corazas.

¿Nos cuentas tu experiencia? 



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