22 octubre 2013

ESTRATEGIAS PARA MANEJAR EL ESTRÉS DIARIO

El ritmo acelerado del día a día puede llevarte a altos niveles de estrés repercutiendo negativamente en diversas áreas de tu vida (trabajo, amigos, familia, relación de pareja, valoración personal,...). Generalmente se asocia el estrés a una situación concreta y específica, pero no siempre es así. El origen, mantenimiento y/o aumento se puede deber al cúmulo de muchos otros factores más leves, pero persistentes durante un tiempo prolongado.



Cuando el nivel de estrés es elevado, cualquier pequeño detalle o acontecimiento puede hacer que te sientas desbordado y superado por la situación. La sensación de no tener tiempo, de no llegar a hacer todas las cosas que se quiere, de poder hacer más de lo que se hace,... son ideas muy comunes ante un estado de estrés. En estos casos, los pensamientos son más negativos e irracionales dando lugar a una visión distorsionada de la realidad, influyendo en la manera de actuar y comportarse, aumentando así el estrés. Es un círculo vicioso que se retroalimenta continuamente: Estrés-malestar emocional y físico-visión catastrofista-agotamiento-más acumulación de tareas.

Ante los primeros síntomas de estrés (cansancio, nerviosismo, irritabilidad, tensión muscular,...), es importante buscar alternativas para que no evolucione a algo peor, pues el aumento del nivel de estrés puede llevar a problemas más graves y requerirán un tratamiento más específico para solucionarlo. 

ESTRATEGIAS PARA MANEJAR LOS PRIMEROS SÍNTOMAS DEL ESTRÉS:

Se trata de reducir tensiones que empiezan a instaurarse en ti, dando lugar a comportamientos y actitudes negativas que desequilibran tu bienestar y potencian el estrés. 

  • Tratar de mantener un ritmo equilibrado de comidas y horas de sueño.
  • El ejercicio físico ayuda a reducir tensiones, mejora el estado de ánimo y facilita un sueño reparador. 
  • Dedicate unos minutos del día para hacer algo que te resulte gratificante: leer, dibujar, escuchar música, ... Dedícale al menos 15 minutos durante los cuales pondrás tus cinco sentidos en ello.
  • Es importante ser realista y conocer tus propios límites. Puede que te gustaría hacer muchas más cosas de las que haces, y en tu mente puedes hacerlo... La realidad es diferente. Eres humano, con limitaciones, no quieras abarcar más de lo que puedes. Aprende a decir no y ser selectivo a la hora de priorizar lo que realmente quieres. 
  • Controlar la impulsividad. Cuando el nivel de estrés es más elevado, eres más impulsivo y piensas menos, te dejas llevar más por el torrente de ideas imparables que están en tu mente. Antes de actuar o hablar, piensa.
  • Relativizar con sentido del humor. La tensión y el nerviosismo contribuyen a ver las situaciones de una manera más negativa y rígida, sin dar cabida a la flexibilidad. No dramatices tanto y relativiza la situación con un poco de humor. Te relajará y será más abordable.
  • Ser consciente de la tensión. Muchas veces ante un estado de estrés no llegas a ser consciente de la tensión que se acumula en tu cuerpo. Aprende a escuchar los mensajes de tu cuerpo, fíjate qué partes de él tensas más y relájalas. 
  • Aprender técnicas de respiración y relajación. La respiración abdominal es una técnica muy sencilla y útil para momentos de tensión. Una correcta respiración aporta grandes beneficios, y es cuestión de introducirla como un hábito dentro de tu día a día. Por otro lado, existen numerosas técnicas de relajación, busca la que más se adapte a ti y practícala. Es un poco más costosa que la respiración abdominal, pero muy beneficiosa. Te ayuda a dedicarte unos minutos a ti y ser consciente de tu nivel de tensión.
  • Autoinstrucciones. Haz una lista de frases o mensajes positivos, realistas y que te recuerden de forma concreta y específica qué hacer en momentos de estrés. Procura tenerla siempre a mano. Los pensamientos juegan un papel primordial en nuestras emociones. Cuida tu diálogo interno, lo que te dices a ti mismo. Algunos ejemplos:
 -  Voy a respirar y tomarme unos segundos antes de contestar. 

 -  Ser realista. ¿Realmente esto es prioritario? 

 -  Aprender a delegar. Tengo unos límites. 

 -  Ser consciente de la tensión. ¿Estoy tensando más alguna parte del cuerpo? 

- Soy humano, no puedo abarcar todo lo que quiero. Saber identificar hasta donde puedo llegar.
          - Estoy hablando muy deprisa, voy corriendo a todas partes, me noto acelerado. Con esto lo único que consigo es estresarme más. Voy a hacerlo más despacio, no tengo prisa.
 - Tomarme 10 minutos para mi.
Crea tu lista de autoinstrucciones de tal manera que te sirva a ti, que te haga ser consciente de la situación y te facilite actuar de manera que la controles y manejes. Recuerda que eres parte activa, que en tus manos está cambiar la forma de pensar y actuar. 


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